El lenguaje, al reflejar las prioridades y valores culturales de una sociedad, puede poner de manifiesto dinámicas sociales, incluidas aquellas vinculadas a las desigualdades de género. El hecho de nombrar o no nombrar ciertas realidades tiene efectos sociales concretos: lo que no se nombra tiende a no existir en el imaginario colectivo. Así, en contextos donde predominan estructuras tradicionales centradas en lo masculino el lenguaje puede invisibilizar a las mujeres, lo que contribuye a su exclusión tanto simbólica como material.
Para más información consulta la guía de lenguaje no sexista e inclusivo.