Los primeros libros que llegan a niñas y niños suelen presentar animales. Entre cero y tres años, la iniciación en la lectura visual casi siempre recurre a osos, perros, patos... Se trata de un aprendizaje con dibujos y textos muy sencillos a los que el pre-lectorado accede a través de la mediación de personas adultas, con frecuencia en el entorno familiar. El problema reside en que, la mayoría de las veces, esos animales se presentan en masculino, salvo en el caso de los nombres epicenos, lo cual deriva en que en esa importante franja de edad en la que se accede al conocimiento del mundo, las primeras palabras se aprendan siempre en masculino. En las ocasiones en las que aparecen animales en femenino, estos van asociados al papel de madre y con una marcada tendencia, también en el lenguaje, a la ternura y al empequeñecimiento mediante diminutivos.
Nuestra pretensión con este libro es que los más pequeños y pequeñas aprendan también el nombre de las hembras de esos animales, además de reforzar su interpretación como ser fuertes, independientes, trabajadores... De este modo, el hecho de que el dibujo, por su simplicidad, pueda corresponder con un perro o con una perra, potencia una visión igualitaria del reino animal, al tiempo que instala también como primera referencia para el lectorado del género femenino.